Comercios Históricos de la ciudad de Valencia

Comercios Históricos de la ciudad de Valencia
A la venta desde el 26 de octubre

martes, 21 de abril de 2015

FERIA DEL LIBRO DE VALENCIA 2015-FIRMA DE LIBROS

FERIA DEL LIBRO DE VALENCIA 2015 - FIRMA DE LIBROS DE LOS AUTORES


Estimados lectores.

Hemos de pediros disculpas por lo abandonado que hemos dejado el blog en las últimas semanas, no obstante como veréis responde a una buena razón.

Los autores andamos enfrascados en nuevos proyectos que sumados a nuestras obligaciones personales y profesionales nos dejan poco margen de tiempo. Si no podemos mantener cierto nivel de profundidad y desarrollo en los artículos del blog preferimos tomarnos nuestro tiempo antes que bajar el listón.

Como sabéis y es habitual en estas fechas llega la Feria del Libro de Valencia, esta edición es especial para nosotros pues este año firmaremos ejemplares de nuestro libro "Comercios históricos de Valencia" (Carena Editors) a cuantos queráis pasaros y saludarnos. Os esperamos.

Nos encontraréis en los fechas y días que os detallamos a continuación:

Jueves 23 de abril por la tarde en las casetas 9-10 de librería BIBLIOMANÍA.

Sábado 25 de abril por la mañana en las casetas 29-30 de la FNAC.

Domingo 26 de abril por la tarde en el BIBLIOCAFÉ DE LA FERIA DEL LIBRO, casetas 29-30 de 19 a 21 horas.

Lunes 27 de abril por la tarde en la caseta 69-70 de EL CORTE INGLÉS.

Viernes 1 de mayo por la mañana. Volveremos a estar en BIBLIOMANÍA.

Sábado 2 de mayo por la mañana en la caseta 11-12-13 de librería CRESOL.

Sábado 2 de mayo por la tarde en la caseta 58-59 de librería BERNAT DE FENOLLAR

Domingo 3 de mayo por la mañana, retornaremos a BIBLIOMANÍA.

Domingo 3 de mayo por la tarde estaremos de regreso en CRESOL.

Horario de mañanas: 11:30 a 14:00
Horario de tardes: 17:30 a 20:30

Las firmas en el BIBLIOCAFÉ se celebrarán en horario de 19 a 21 horas.

Esperamos poder saludaros en las fechas y casetas señaladas y os recomendamos no dejéis de visitar la Feria del Libro de Valencia 2015.

Los autores en la 50ª Feria del Libro




domingo, 29 de marzo de 2015

De compras por Valencia en 1900

DE COMPRAS POR VALENCIA EN 1900 

PRIMERA PARTE: LA ALIMENTACIÓN


Hasta hoy hemos visto en el blog la historia individual de comercios de la ciudad. Hoy vamos a hacer algo diferente.

La razón de ser del comercio no es otra que atender a las necesidades de las personas. Nos pondremos ahora en la piel de una persona cualquiera para… irnos de compras.

Ricos o pobres todos tenemos la necesidad de comer. Los establecimientos de alimentación proliferaban, los había por todas partes y eran los más frecuentes a lo largo y ancho de la ciudad. 

La prevalencia de un tipo de comercio sobre otros o la relación porcentual entre unas actividades y otras es un buen indicativo sobre el nivel de desarrollo socioeconómico de una población, escapa a nuestra intención desarrollar en el blog un estudio completo sobre la cuestión por lo que solo adelantaremos que si bien la ciudad manifiesta en este momento claros indicios de desarrollo social de carácter capitalista e industrial urbano, las necesidades y posibilidades de amplias capas de la población se mueven en este momento aún en torno en niveles relacionados más con la cobertura de necesidades perentorias como la alimentación y el vestido, que con el consumo de masas y de ocio que definiría a una sociedad de clases medias. Valencia es una ciudad en la que una masa de población humilde continúa empeñada poco más que en sobrepasar el umbral de subsistencia si bien se atisban cambios en el tejido social que a lo largo del tiempo se revelaran en una modificación de las características del tejido comercial.

Plano de Valencia en la Guía Baedeker de 1900.
Fuente:foro Remember Valencia II 
En Valencia hay riqueza, pero el valenciano medio de 1900 está lejos de vivir con holgura y las diferencias de poder adquisitivo entre clases a menudo son demoledoras. No obstante el tejido comercial de la ciudad está ganando complejidad evidencia de una sociedad que a su vez comienza a ser más compleja en lo que a posibilidades económicas se refiere.

Pero como decíamos, todos sean ricos o pobres, comen. Pero no todos comen lo mismo ni pueden permitirse los mismos refinamientos. Así las clases populares acuden a los colmados o abacerías, tiendas de alimentación en las que se podía encontrar una amplia variedad de productos que iban del humilde arroz al dulce chocolate. Bien podía ser este chocolate de la marca “El Barco”*, fabricado entre finales del siglo XIX y principios del XX en la ciudad y cuyas lujosas cajas metálicas y colecciones de cromos hacían las delicias de quienes podían pagarlo. No todos podían, las clases populares consumían poco chocolate y cuando lo hacían habían de conformarse con su versión más modesta: una mezcla de cacao y harina de arroz.


 Por encima de las abacerías en lo que a sofisticación se refiere, los ultramarinos vendían productos de importación, procedentes del comercio de ultramar. Esta especialización les daba nombre y no cabe señalar que bastantes de estos productos no estaban al alcance de cualquier bolsillo. Claro está que las abacerías podían animarse a vender productos de ultramar y los ultramarinos ampliar su clientela con la venta de productos variados de alimentación. Por esta razón con el tiempo ambas categorías acabaron por confundirse y hoy abacería anda en desuso y hablamos de ultramarinos para referirnos a cualquier pequeño comercio de alimentación. No es casualidad: con el tiempo ha prevalecido la denominación de mayor prestigio pues ¿qué comerciante se contentaría con regentar una humilde abacería pudiendo poseer un exótico ultramarinos?.

Un establecimiento especializado en alimentación eran las tiendas de salazones. De ellas aún conservamos el ejemplo de Salazones Bonanad en la calle del Trench*. A principios del siglo XX la salazón de pescados comunes como la sardina o el bacalao era una de las pocas oportunidades razonables para el consumo (moderado) de proteína animal que tenían las clases más humildes. La salazón facilitaba además el comercio de pescado rumbo hacía Castilla y Aragón aunque las pequeñas tiendas locales se dedicaban ante todo al abasto de las necesidades de la ciudad.

Salazones Bonanad. Fotografía ilustrativa del artículo que el diario Las Provincias dedicó a nuestro libro "Comercios históricos de Valencia" y que acompaña entre otras inéditas cedidas por sus propietarios, al artículo sobre esta tienda de salazones centenaria.
El número de carnicerías era ya respetable a principios de siglo. Comer carne a diario era un lujo que no estaba al alcance de la mayoría. En cualquier caso el creciente nivel de vida permitía a la mayoría un consumo considerablemente más moderado que en la actualidad pero no completamente inhabitual. Los carniceros podían abastecerse de cualquiera de los 8 tratantes de carnes de la ciudad, la mitad de los cuales de los cuales, como los hermanos José y Mariano Alapont de la calle Corona, Eugenio Chiner, con puesto en el Mercado Nuevo y Cayetano Marco de la calle Trench eran minoristas a su vez. Que menos que un buen cuchillo para ejercer este oficio, en la época se hacían para durar y pasaban de generación en generación, no es de extrañar que solo hubiese tres cuchillerías en toda la ciudad, dos de ellas en la calle de la Lonja. Muy cercana a la profesión del cuchillero era la del vaciador, vendedor y fabricante de instrumentos de cubertería y herramientas de empleo doméstico como tijeras y cuchillería especializada; 8 atendían en Valencia.

En cambio y por sorprendente que sea en una ciudad tan cercana a un puerto de mar, en 1900 solo había 16 pescaderías, algunas de ellas en puestos de mercado y otras como parte de las tiendas de alimentación y salazones. Conservar el pescado era un problema notable pues aunque existía la tecnología necesaria, ni el suministro eléctrico para mantenerlas en marcha era plenamente fiable ni los refrigeradores eran económicos. Siempre podía recurrirse al viejo (y ya muy desfasado) recurso a los neveros de montaña, pero el uso de nieve no dejaba de suponer un notable problema de logística por lo que lo normal y razonable pasaba por comprar cada día el hielo en barra necesario y luego picarlo a mano. Los pescaderos que optaban por esta solución podían abastecerse en las fábricas de hielo artificial de Pascual Salinas, con sede en la calle de Clarachet; en la de Vicente Redondo que atendía en la plaza del Doctor Collado o en la de Adrían Cayol de la calle Ribera, donde de paso podía tomarse una cerveza recién envasada pues como ya vimos en el blog la industria cervecera necesitaba de hielo en su proceso industrial razón por la cual eran fabricas cerveceras, de gaseosas y de hielo todo en uno quien sabe si recurriendo a las máquinas refrigeradoras Fixary de fabricación francesa, de una empresa que por aquel entonces intentaba hacer negocio en Valencia.


 El Mercado Nuevo era un buen lugar para abastecerse de frutas y verduras, que no faltaba en una ciudad rodeada de huerta en regadío. A menudo era proyectil cuando sus comerciantes la emprendían con algún infortunado cargo público y solo ello ya nos sirve para entender que el suministro era abundante y el coste más que moderado pues por grande que sea su ira, no conocemos el caso de comerciante alguno que la haya emprendido contra las fuerzas del orden o los no siempre ejemplares próceres urbanos arrojándoles jamones. Con mayor calma y menor probabilidad de sustos se podían comprar frutas y verduras en cualquiera de las 18 fruterías que ese año estaban abiertas en la ciudad.

La segunda gran necesidad era la de vestido y con ella continuaremos en una nueva entrega de este paseo por la Valencia comercial de 1900.

*La historia de Salazones Bonanad y de Chocolates el Barco puede seguirse en nuestro libro "Comercios históricos de Valencia"

 Gumer Fernández Serrano y Enrique Ibáñez López


domingo, 1 de marzo de 2015

La New-York. Academia velocipédica de Lázaro y Moragues. Calle Ruzafa 55

La New-York. Academia velocipédica de Lázaro y Moragues. Calle Ruzafa 55


El negocio de ventas de bicicletas era muy próspero en Valencia, debido a un clima y una orografía favorable para su difusión. El coche era prohibitivo para la clase media valenciana que únicamente estaba reservado la burguesía que vivía en el ensanche de la ciudad.

En contra de lo que pudiera parecer, la bicicleta no era un producto excesivamente barato y al alcance de todo el mundo. Las bicicletas se compraban a plazos y diferentes comercios en Valencia se disputaban en exclusividad la venta de marcas españolas y extranjeras de carácter exclusivo. La casa de Miguel Blasco en el paseo Colón del Grao, las biclicetas Trianón en  la calle de la Paz 33 (que vendían a plazos de 23 pesetas mensuales) la Casa García en Juan de Austria 9 que además vendía complementos, o la actual tienda de bicicleta de Rafael Abad  son algunos ejemplos de la prosperidad de este negocio.
Evolución de la bicicleta. Fuente: Wikipedia
Las bicicletas eran caras por lo tanto su compra para disfruto personal y para regalar se reservaba para ocasiones especiales como navidad y reyes. Si la bicicleta se estropeaba se podía recurrir a los múltiples talleres de reparación que existían en Valencia, algunos de carácter muy modesto y casi artesanal. Destacaban los talleres de Jesús Arce en la calle Jesús, Alfredo Llopis en el paseo de Colón o Emilio Pérez en la calle Sevilla.

Esta publicidad corresponde al negocio de almacén de bicicletas de Lázaro y Moragues situado en la calle de Ruzafa número 55, lugar donde estuvo ubicado el antiguo Tívoli  valenciano como reza en esta publicidad. el Tívoli estuvo abierto en la calle Ruzafa desde el año 1877 hasta 1892.

El negocio de bicicletas recibía el nombre de La New-York, un nombre que hoy nos resulta peculiar pero que a principios de siglo era bastante habitual tanto en Valencia como en el resto de España. En nuestra ciudad  existía la funeraria llamada New Funeral ubicada en la calle Colón nº 22 o la compañía de seguros  New-York sita en la plaza de Tetuán nº 18. Este nombre aplicado al mundo de las bicicletas reforzaba la idea de que ir en bicicleta estaba de moda y era un deporte propio de las sociedades más avanzadas.

Este negocio de bicicletas no difería demasiado con respecto a su competencia. Se vendían bicicletas fabricadas en U.S.A. Inglaterra y Francia así como sus accesorios. Aquellas personas que no se podían permitir el lujo de adquirir una la podía alquilar a un precio de 1 peseta.En su publicidad no se recataban en afirmar que tenían la mayor selección de bicicletas de toda España, en una época donde la publicidad engañosa estaba permitida.

Muy novedoso debería ser el mundo de la bicicleta para tener que explicar cómo funcionaba un método de transporte tan fácil de utilizar (al menos desde nuestra mentalidad moderna). El negocio disponía de una Academia velocipédica, de carácter gratuito para convencer a los recelosos de las dos ruedas de las ventajas de este novedoso método de transporte. Había que captar nuevos clientes a toda costa.

La sociedad entre Lázaro y Moragues (como casi todas las sociedades) duró tan poco que no podemos decir de que año es esta publicidad. El primero en adentrarse en el negocio de ventas de bicicletas fue Enrique Moragues que abrió tienda de bicicletas en el temprano año de 1897 en la calle Colón nº 3. Manuel Lázaro aparece en el año 1922 como vendedor de bicicletas, muy posiblemente después de esa sociedad con Moragues, en la calle Guillem de Castro nº 27, negocio que estuvo abierto hasta la República Española. En  1931 el negocio lo regentó su viuda.

Autores: Enrique Ibáñez y Gumer Fernández.







miércoles, 18 de febrero de 2015

Lanas Aragón. Calle Aragón 14 y otras direcciones

Lanas Aragón. Calle Aragón 14 y otras direcciones.

Fuente: Colegio Oficial de Diseñadores de Interior y Decoradores de la Comunidad Valenciana

El precedente de la historia de Lanas Aragón empieza con la historia de su fundador Ernesto Martínez Colomer, natural de Ontinyent nacido en 1912, ciudad donde su familia funda una pequeña fábrica de botones de nácar. La vida de Ernesto gira desde muy pequeño en el mundo la moda. 

Con 10 años de edad se viene a Valencia con la familia y entra como aprendiz en los entresuelos San Martín. Pero el espíritu comercial de Ernesto le hace abandonar pronto este trabajo ya que no se resignada a ser un "chico de los recados". Más duradero fue su trabajo en la tienda del Gato en la plaza del Mercado, un gran barato que se dedicaba a la venta de textiles (ver entrada en nuestro blog). Su actividad comercial propia comienza comprado trajes a medida que compraba trajes en casa Mallent( una sastrería a medida). Pagaba 10 pesetas al sastre para que le hiciera el traje y Ernesto lo vendía en mercados doblando la ganancia. Vendía en el mercado de Ruzafa y en otros barrios de la ciudad.




















Cuando estalla la Guerra Civil, Ernesto es llamado a filas e interrumpe su labor comercial pero no del todo. Durante la guerra vende calcetines a los soldados y es el encargado de suministros, llegando a cambiar ropa por comida. En un día permiso se casa en 1938 con Amparo Soriano Penades, persona que llevará la gerencia junto a su marido  de la aún no existente Lanas Aragón.

Acabada la contienda, Ernesto cuenta con 27 años de edad. Pese a los momentos duros de la posguerra, abre un pequeño y modesto local en la calle Aragón nº 14 , bajo propiedad de sus suegros que tenían allí su vivienda. El género que vende es medias y madejas de lanas con dibujo de la Virgen del Pilar de Zaragoza. Por este motivo, y por estar ubicado en la calle Aragón, sus clientes empezaron a llamar al negocio Lanas Aragón, mucho antes de que tuviera nombre. Con el tiempo, el pequeño bajo empieza a ocupar bajos contiguos hacia la vecina calle Espartero. Nacía así el gran centro comercial Lanas Aragón, ya que la venta en este comercio superó con creces la venta en mercados.

En 1945 Lanas Aragón abre una sucursal  en la calle Cádiz. De pasar a tener 3 empleados (todos miembros de su familia), Ernesto abre una segunda tienda de 378 metros cuadrados y con 49 empleados. 
Fuente: Remember Valencia
En la década posterior, la expansión y ventas de la empresa hace que abra una tercera sucursal en la calle Játiva nº 17. Se trataba de la empresa ADEMAR  acrónimo de su mujer Amparo de Martínez. Esta sucursal abierta en 1955 tenía 1173 metros cuadrados con 49 empleados. 

La empresa tuvo un serio revés comercial años después con la riada de 1957 que afectó a alguno de sus bajos pero sobre todo al incendio de 1958 en su sede principal de la calle Aragón y originado en un negocio vecino. El bajo quedó completamente inhabilitado para continuar con el negocio en esa ubicación. La decisión de Ernesto fue trasladar los trabajadores y material destruido en el incendio en una nueva sede abierta en la calle  Ángel Guimerá nº 8, en una sede más amplia con una capacidad de más de 3.600 metros cuadrados y que tenía 400 empleados. También tuvieron un taller para ropa infantil en la calle de San Vicente Mártir, llamada ANEXOS ADEMAR y no abierto al público.


Fuente: facebook amigos y ex trabajadores de Lanas Aragón

En 1968 la empresa se convierte en sociedad anónima (MARCOL S.A.) . El día 27 de mayo de 1974 aborda su proyecto más ambicioso con la apertura  de un gran almacén en ña Avenida Pío XII de Valencia, con una extensión de más de 59.000 metros cuadrados cuyas existencias y personal procedía de los centros de  de Ángel Guimerá y de la Gran Vía Fernando el Católico.

Lanas Aragón se situó en el primer plano de los grandes centros comerciales de la época con la revolución acaecida en los años 70 que cambió los hábitos de consumo de la sociedad valenciana. Competencia de Lanas Aragón fueron la  Galería Todo situado en la avenida Barón de Cárcer  esquina con San Agustín, lugar que se convertirá en un epicentro del comercio de la ciudad. Casa Gay cerca de la calle Colón y sobre todo El Corte Inglés de la calle Pintor Sorolla inaugurado  del 23 de abril de 1971 también compitieron con Lanas Aragón.
Publicidad para cines

Cartel publicitario
Nacía así una nueva forma de vender en una sociedad que se abría al consumismo de masas y que abandonaba un largo tiempo de autarquía económica. Se puso de moda la devolución del artículo  si el cliente no estaba conforme con el producto adquirido o la venta a plazos  con una entrada del 35 % del precio del producto comprado a metálico y el pago de 18 o 24 letras mensuales.

La empresa familiar MARCOL vendió el 50 % de las acciones al precio simbólico de una peseta a RUMASA de Ruíz Mateos en el años 1982, con el fin de garantizar el empleo a sus numerosos trabajadores. La venta de MARCOL S.A coincidió con la compra de RUMASA de Mantequerias Leonesas con el propósito de relanzar Galerías Preciados. Con esta venta a RUMASA se construyó el edificio de LANAS ARAGON- RUMASA en la calle Colón y Pasaje de Ruzafa obra controvertida del arquitecto asturiano Fernando García- Ordóñez y que intentaba imitar a las torres de Quart.


El fin de la empresa MARCOL  coincidió en el incendio del gran centro comercial situado en la avenida de Pío XII en 1990, al mismo tiempo se produce la suspensión de pagos de la empresa con un pasivo de 4.500 millones de pesetas y con 1.100 empleados.
Fuente: Valenpedia. Las Provincias
Destacar la labor de la empresa en la promoción del deporte valenciano de Lanas Aragón en las secciones de Balonmano, baloncesto y futbol, y con la apertura del pabellón de la empresa en el año 1964 el  Pabellón Ernesto Martínez Colomer que perteneció a la familia hasta el año 2008 con el derribo del antiguo Pabellón Marcol. La venta a RUMASA de la empresa puso fin a las secciones deportivas de Lanas Aragón.
Pin deportivo de la empresa
El equipo de balonmano llegó a la primera división  que durante dos años consecutivos disputó la final de la Copa del Generalísimo contra el FC Barcelona. En el primer encuentro, celebrado en 1971 en Pamplona, se alzó con el trofeo.

Autores:

Enrique Ibáñez y Gumer Fernández.

Fuente: Falla Espartero. Gran Vía Ramón y Cajal. Homenaje Ernesto García Colomer. Recurso en línea.












jueves, 5 de febrero de 2015

TIENDA DE ACEITE Y VINO AL POR MAYOR DE RAMÓN CASANOVA. CALLE DE LA BEATA, 8

TIENDA DE ACEITE Y VINO AL POR MAYOR DE RAMÓN CASANOVA. CALLE DE LA BEATA, 8



Muchos comercios han ido cambiando de actividad para adaptarse a los tiempos o a las necesidades del mercado. Algunos, como la famosa Tienda de las Ollas han protagonizado cambios de actividad sorprendentes, saltando de una actividad a otra sin aparente relación entre sí.

Otros comercios sin embargo han evolucionado en el tiempo pasando de una actividad a otra diferente aunque afín con la que hubiesen venido desarrollando. Tal es el caso de las tabernas y las botillerías, algunas de las cuales fueron evolucionando para dar lugar a los refinados cafés, a bodegas o a tiendas de ultramarinos, evolución que también podía darse a la inversa.

En los años 80 del siglo XIX Salvador Casanova regentaba una taberna en el número 8 la popular calle de la Beata, del barrio del Mercado de Valencia, una zona popular y populosa de la ciudad alejada del refinamiento de otras zonas de la ciudad.

El oficio de tabernero obligaba al esforzado propietario a bregar con el bullicio y ajetreo propio del ejercicio de la hostelería, a tareas un tanto más ingratas como la de lidiar con parroquianos ebrios pero también a gestionar el inventario de mercancías y cargar y descargar cada mañana bien temprano las pipas o barricas de vino, que constituía por entonces la bebida por excelencia en los ambientes populares. Debía además el tabernero estar en guardia frente al vino adulterado o excesivamente aguado aunque no faltaban tampoco quienes lo aguaban a propósito o rectificaban añadiendo acido acético a  un vino malo y picado para hacerlo pasar por aceptable. Eran en fin muchos los trucos de la profesión, como el de reservar el vino bueno para los primeros tragos y servir el vino rancio, picado o aguado cuando la ebriedad del parroquiano e impedía ya apreciar adecuadamente el sabor y propiedades de la bebida.

La taberna se mantuvo hasta los primeros años de la década de 1890 o acaso los últimos de la década anterior. En ese intervalo Salvador deja el negocio que pasa a Ramón Casanova quien a renglón seguido lo reorienta transformándolo en un ultramarinos, aunque no tardaría demasiado en enfocar su negocio a la venta de aceites, vinos y licores al por mayor, actividad a medio camino entre la del colmado de barrio y la taberna y tal vez menos esforzada u onerosa que la de tabernero.

Detalle del gran anuncio de la destilería Aparici, Sanz y Ortiz, en la fachada del establecimiento.

La tienda de aceite, vino y licores al por mayor mantuvo sus puertas abiertas en el 8 de la calle de la Beata durante casi dos décadas con Casanova al frente, que alternaba sus tareas como mayorista de aceites y vinos con las de comisionista, tal vez aunque no podemos afirmarlo, como corredor de vinos y aceites, lo que sería lógico y acorde con la naturaleza de su comercio. Poco antes de 1910 Ramón Casanova dejó el testigo a José Montesinos, que intitulándose “sucesor de Rn. Casanova” regentó la tienda durante su última etapa de funcionamiento. 
Es muy probable que fuese José quien dotase a la tienda de línea de teléfono, una innovación tecnológica que en los años veinte no se encontraba nada generalizada entre los comerciantes de la capital y cuyo uso normalmente quedaba reservado a los comerciantes más prósperos y aún entre estos, solo a aquellos que requerían de un contacto muy inmediato con clientes o proveedores por lo que la posesión del preciado teléfono parece revelarnos cierto espíritu emprendedor en José pero también que su tienda era un negocio lo bastante rentable como para justificar el gasto en una tecnología con la que no contaban otras tiendas de mayor prestigio y boato. La tienda cerró en los años veinte del pasado siglo. 

Autores: Gumer Fernández y Enrique Ibáñez


Comercios Históricos de Valencia: el libro.
¡SEGUNDA EDICIÓN!
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