martes, 19 de noviembre de 2013

Droguería y Perfumería de F. Cordellat, CALLE CORREJERÍA, 23



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Fotomontaje de los autores

La relación de la familia Cordellat con la droguería se remonta a sus orígenes como fabricantes de jabón, producto cuya elaboración estaba estrechamente ligada a la ciudad, en la que existió una calle Jabonería y otra de la Jabonería Nueva.

En los años 40 del siglo XX, Francisco Cordellat  abrió en una droguería en el número 25 de la calle Corretjeria, y en el año 1947 se traslada al número 23.

Este número 23 de Corretjeria había sido ocupado a finales del siglo XIX por la Librería  Francesa de Molina y Sánchez. Poco después con  el cambio de siglo la librería dejó paso al herbolario Eduardo Mataix. Cuando Francisco Cordellat se trasladó, el local llevaba años sirviendo como carbonería, propiedad de José García.

Para amueblar su establecimiento, Francisco adquirió el mobiliario de una tienda de Torrente, una obra de carpintería lacada en verde que se ensamblaba sin necesidad de clavos.

Este mobiliario daba al interior de la droguería un aspecto característico y con fuerte personalidad: a la izquierda del acceso se encontraba el mostrador y en derredor se encontraban estanterías y cajoneras que llegaban hasta el techo. Para que el droguero pudiese acceder a las más elevadas una escalera subía hasta una pequeña galería, también de madera, que recorría el perímetro.

Francisco dejó el negocio en manos de su hijo Paco que además de productos de droguería y perfumería vendía colorantes y pigmentos para manualidades y Bellas Artes, cera, cola de conejo, piedra y líquidos para el contraste de oro o gel de sílice entre otros productos, casi todo ello al peso. Era una de las pocas tiendas que a principios del siglo XXI aún los vendía de esta forma y a precios más económicos que en otras tiendas especializadas.

Poseía el negocio un característico letrero, escaparate con dos vitrinas donde en sus últimos años exhibía cazoletas que contenían pigmentos  de vivos colores, que atraían la atención del público. Su fachada era de azulejo blanco y en ella lució durante años un gran termómetro publicitario de Netol. Todo ello excepto el termómetro se conservaba cuando ya en este siglo se hizo cargo del negocio el hijo de Paco, Juan Carlos, la tercera y última generación de la droguería, que la cerró de forma definitiva en el año 2009.

En el año 2011 tras dos años sin uso, compró el local Carlos Cervera para abrir en él la compra-venta de pintura, obra gráfica y coleccionismo Art i Oci. El propio Carlos nos cuenta que trató de salvar el mobiliario de la droguería haciendo gestiones para cederlo a la Diputación, con la única condición de que esta asumiese su desmontaje y traslado. Al no fructificar sus gestiones no lo quedó otro remedio  que retirarlo par acondicionar el bajo a su nuevo uso, y  el histórico rótulo se conserva y se puede admirar en la actualidad.

Aún hoy, antiguos clientes de la droguería entran a preguntar qué fue ese negocio y cuándo se cerró , señal que mantenía una clientela fiel.

Autores: Gumer Fernández Serrano y Enrique Ibáñez López.
Agradecemos a Angel Martínez y Carlos Cervera los datos facilitados.