De compras por Valencia en 1900
DE COMPRAS POR VALENCIA EN 1900
PRIMERA PARTE: LA ALIMENTACIÓN
Hasta hoy hemos visto en el blog
la historia individual de comercios de la ciudad. Hoy vamos a hacer algo
diferente.
La razón de ser del comercio no
es otra que atender a las necesidades de las personas. Nos pondremos ahora en
la piel de una persona cualquiera para… irnos de compras.
Ricos o pobres todos tenemos la
necesidad de comer. Los establecimientos de alimentación proliferaban, los
había por todas partes y eran los más frecuentes a lo largo y ancho de la
ciudad.
La prevalencia de un tipo de
comercio sobre otros o la relación porcentual entre unas actividades y otras es
un buen indicativo sobre el nivel de desarrollo socioeconómico de una
población, escapa a nuestra intención desarrollar en el blog un estudio
completo sobre la cuestión por lo que solo adelantaremos que si bien la ciudad
manifiesta en este momento claros indicios de desarrollo social de carácter
capitalista e industrial urbano, las necesidades y posibilidades de amplias
capas de la población se mueven en este momento aún en torno en niveles
relacionados más con la cobertura de necesidades perentorias como la
alimentación y el vestido, que con el consumo de masas y de ocio que definiría
a una sociedad de clases medias. Valencia es una ciudad en la que una masa de
población humilde continúa empeñada poco más que en sobrepasar el umbral de
subsistencia si bien se atisban cambios en el tejido social que a lo largo del
tiempo se revelaran en una modificación de las características del tejido
comercial.
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Plano de Valencia en la Guía Baedeker de 1900. Fuente:foro Remember Valencia II |
En Valencia hay riqueza, pero el
valenciano medio de 1900 está lejos de vivir con holgura y las diferencias de
poder adquisitivo entre clases a menudo son demoledoras. No obstante el tejido
comercial de la ciudad está ganando complejidad evidencia de una sociedad que a
su vez comienza a ser más compleja en lo que a posibilidades económicas se
refiere.
Pero como decíamos, todos sean
ricos o pobres, comen. Pero no todos comen lo mismo ni pueden permitirse los
mismos refinamientos. Así las clases populares acuden a los colmados o
abacerías, tiendas de alimentación en las que se podía encontrar una amplia
variedad de productos que iban del humilde arroz al dulce chocolate. Bien podía
ser este chocolate de la marca “El
Barco”*, fabricado entre finales del siglo XIX y principios del XX en la
ciudad y cuyas lujosas cajas metálicas y colecciones de cromos hacían las
delicias de quienes podían pagarlo. No todos podían, las clases populares
consumían poco chocolate y cuando lo hacían habían de conformarse con su
versión más modesta: una mezcla de cacao y harina de arroz.
Un establecimiento especializado
en alimentación eran las tiendas de salazones. De ellas aún conservamos el
ejemplo de Salazones Bonanad en la calle
del Trench*. A principios del siglo XX la salazón de pescados comunes como
la sardina o el bacalao era una de las pocas oportunidades razonables para el
consumo (moderado) de proteína animal que tenían las clases más humildes. La
salazón facilitaba además el comercio de pescado rumbo hacía Castilla y Aragón
aunque las pequeñas tiendas locales se dedicaban ante todo al abasto de las
necesidades de la ciudad.
En cambio y por sorprendente que
sea en una ciudad tan cercana a un puerto de mar, en 1900 solo había 16
pescaderías, algunas de ellas en puestos de mercado y otras como parte de las
tiendas de alimentación y salazones. Conservar el pescado era un problema
notable pues aunque existía la tecnología necesaria, ni el suministro eléctrico
para mantenerlas en marcha era plenamente fiable ni los refrigeradores eran
económicos. Siempre podía recurrirse al viejo (y ya muy desfasado) recurso a
los neveros de montaña, pero el uso de nieve no dejaba de suponer un notable
problema de logística por lo que lo normal y razonable pasaba por comprar cada
día el hielo en barra necesario y luego picarlo a mano. Los pescaderos que
optaban por esta solución podían abastecerse en las fábricas de hielo
artificial de Pascual Salinas, con sede
en la calle de Clarachet; en la de Vicente
Redondo que atendía en la plaza del Doctor Collado o en la de Adrían Cayol de la calle Ribera, donde
de paso podía tomarse una cerveza recién envasada pues como ya vimos en el blog
la industria cervecera necesitaba de hielo en su proceso industrial razón por
la cual eran fabricas cerveceras, de gaseosas y de hielo todo en uno quien sabe si recurriendo a las máquinas refrigeradoras Fixary de fabricación francesa, de una empresa que por aquel entonces intentaba hacer negocio en Valencia.
La segunda gran necesidad era la
de vestido y con ella continuaremos en una nueva entrega de este paseo por la
Valencia comercial de 1900.
*La historia de Salazones Bonanad y de Chocolates el Barco puede seguirse en nuestro libro "Comercios históricos de Valencia"