jueves, 1 de mayo de 2014

Usos industriales y comerciales del Colegio del arte Mayor de la Seda entre 1900 y 1950.

Usos industriales y comerciales del Colegio del Arte Mayor de la Seda  entre 1900 y 1950. Calle Hospital 
Fotografía del Colegio años 50.

La manufactura de la seda había sido fundamental para la economía valenciana, pero tras alcanzar su apogeo durante el siglo XVIII, un siglo despues entraría en irreversible decadencia.

Una serie de circunstancias en rápida sucesión golpearon a la sedería valenciana tradicional desde los inicios del siglo XIX: la primera de ellas, fue la Guerra de Independencia, periodo durante el cual, las Cortes de Cádiz dieron el primer paso hacia el desmantelamiento del régimen gremial al promulgar en 1813 el Decreto de Libertad de Comercio, que abolía el rígido control gremial y ponía las bases para la liberalización de las actividades económicas. Poco después, la independencia de las colonias americanas privó a la sedería de un mercado cautivo hasta entonces, pues la legislación proteccionista reservaba a los territorios españoles el derecho exclusivo al comercio con América. Aunque la mecanización propició el desarrollo de las actividades sederas durante el primer periodo de expansión europea del capitalismo, que se prolongó hasta mediados del s. XIX, esta expansión tendrá carácter industrial y acabará por arrinconar a las manufacturas artesanales.

El gremio de Velluters (sederos) de Valencia fue fundado en el siglo XV y tuvo su epicentro en el Colegio del Arte Mayor de la seda, establecido en un edificio gótico pero completamente reformado en los siglos XVII-XVIII, coincidiendo con el momento de mayor esplendor de la sedería artesanal. La decadencia de la sedería artesanal fue también la de su gremio y con ella la de su sede. En las siguientes líneas esbozamos una parte de la historia de esa decadencia: la reutilización de parte de las instalaciones del Colegio del Arte Mayor de la seda como espacio para el desarrollo de actividades industriales que nada tenían que ver con la seda.

Hasta principios del siglo XX no hay noticias sobre el uso del Colegio del Arte Mayor de la Seda como sede de industrias o actividades ajenas a ese sector, situación que va a cambiar a principios del siglo XX.

En 1900 el Colegio ocupaba el número 13 de la calle del Hospital. Allí se encontraban también las oficinas del administrador del arbitrio de carnes y en el nº 13, la panadería Horno de los Inválidos. Nada anormal por tanto hasta la primera década del siglo XX, pero hacia 1910 una actividad molesta, poco higiénica y nos atrevemos a juzgar, nada decorosa con la histórica institución, se va a instalar: el almacén de guano de Galán y Adelantado. Para aquellos lectores que lo ignoren aclararemos que el guano es un abono orgánico que tiene su origen en los excrementos de aves que anidan en los islotes costeros del pacífico oriental, próximos a la costa de Sudamérica. Aunque dicho así pueda parecer un producto de poca valía, estos excrementos, desecados en las condiciones de calor, humedad y salinidad de la región en que se produce tienen un enorme poder fertilizante por lo que a partir de la segunda mitad del siglo XIX fue objeto de un activo comercio y también de las ambiciones imperialistas europeas, que propiciaron expediciones militares como la confusa expedición española que en 1863 conquistaría y retendría por unos años las islas Chincha, en Perú, cubiertas por el apreciado guano.

Islas chincha en un grabado de la segunda mitad del s. XIX. Fondeada se observa la flota guanera.
Afortunadamente, por valioso que fuese el guano, la situación no se prolongó demasiado pues poco después de 1911 el almacén ha desaparecido, sin que lo sustituya otra actividad. En esos años el Colegio acoge las oficinas del administrador del arbitrio de carnes y por supuesto, allí, en el nº 13 de la calle sigue el Horno de los Inválidos.
Sin embargo en la segunda mitad de esa década de los años 10 se instala en el Colegio una actividad industrial: el taller y fábrica de joyería de Francisco Carbonell Gisbert.
Taller y fábrica de joyería de Francisco Carbonell Gisbert dentro del Colegio Mayor de la Seda. Colección E. Ibáñez

El taller de Carbonell ofrecía en venta directa descuentos del 25% sobre el precio final. Trabajaban sobre los modelos de su propio catálogo-muestrario, admitiendo encargos y realizando también composturas y reparaciones. A medio camino entre la fábrica y el taller de orfebrería, trabajaban en ella más de veinte empleados, entre los que se contaban algunos niños pues, aunque contaba con herramientas complejas, el factor humano era esencial para el desarrollo de la actividad y la mecanización era limitada y supeditada al control de personal preparado.

Publicidad del taller y fábrica de joyería. Semana Gráfica año 1927.
En estos años, justo al lado de la fábrica de joyería, el Horno de los Inválidos era propiedad de Vicente Fort.

En la segunda década del siglo XX la calle Hospital cambió de numeración, quedando el Colegio en el número 11. A principios de la II República pocas cosas habían cambiado excepto el propietario del horno, ahora Emilio Gómez y que en las dependencias del Colegio se encontraba la sede de Fomento de la Sericicultura Valenciana, que había estado en fechas anteriores en la calle del Instituto Candela, encontrando en el Colegio un emplazamiento más adecuado para una sociedad dedicada a la promoción de la industria de la seda. Allí seguía también, por supuesto, la fábrica de joyas de Carbonell.

Memebrete de la institución Fomento de la Sericicultura. Fuente: archivo de la Real Sociedad Económica de Amigos del Pais. C. 300, leg. 1

Tras la guerra y hasta el final del periodo que estudiamos en este artículo se produjeron algunos cambios. La fábrica de joyería dejó sitio a la fábrica de gorras de Andrés Gómez Sedano mientras que el horno pasó a manos de Francisco Puchol, la situación se prolongó hasta bien entrada la segunda mitad del siglo.

Autores: Gumer Fernández Serrano y Enrique Ibáñez López.