domingo, 19 de enero de 2014

Jabones Joaquín Viguer. Benimaclet y Valencia (Blanquerías y camino de Burjasot)



La elaboración de jabón constituía en época moderna un proceso artesanal. Valencia destacó por la concentración de jaboneros en zonas concretas que dieron lugar a las calles de la Jabonería y posteriormente a la de la Jabonería Nueva, demolida para la construcción de la avenida Barón de Cárcer.

Publicidad. Año 1905

Durante la segunda mitad del siglo XIX la introducción de avances técnicos dio pie a una mecanización de los talleres jaboneros, que a lo largo del periodo darán paso a una pujante industria especializada en el procesado de aceites vegetales  procedentes de las colonias. Se estableció de este modo un potente vínculo entre los territorios de ultramar y los principales productores peninsulares del que surgirán importantes cárteles industriales. El incremento demográfico, el abaratamiento de los costes de producción de jabón mediante la mecanización, el calado de las políticas higienistas y una mejor educación higiénico-sanitaria de la población sentaron las bases para que esta industria entrase en una dinámica de expansión.

En 1858 Joaquín Viguer Pérez fundó la  fábrica de jabones Viguer, empresa que llegó a contar con tres sedes:

- La fábrica propiamente dicha, con 1600 m2 edificados en la plaza de Cot (o de la Constitución) de Benimaclet, por entonces llamado Poblado de Benimaclet. En este barrio aún se conserva alguna memoria del trasiego de materias primas, fundamentalmente cocos, que desde el puerto se llevaban en carro hasta la fábrica.

Imagen de los moldes para jabón.

- Un despacho-taller para la elaboración de jabón a pequeña escala y la comercialización de la gama de productos Viguer en la ciudad de Valencia, en la calle de Blanquerías, 9.

- Un almacén del que a modo de centro logístico partía la distribución de remesas de jabón a clientes de fuera de la provincia de Valencia, que se emplazaba en el camino de Burjasot, letras J y V.

La empresa de Joaquín Viguer Pérez se benefició del contexto favorable para la expansión industrial de la jabonería que ya hemos comentado. Con el negocio en auge Joaquín pudo permitirse enviar a su hijo. Joaquín Viguer Blat, a Inglaterra para que conociese las últimas innovaciones técnicas y la forma de aplicarlas a la empresa familiar. Viguer Blat había dedicado toda su vida a la empresa paterna, en la que trabajaba desde niño y hasta su fallecimiento en 1915, tras el cual se constituyó la sociedad comanditaria “Hijos de Joaquín Viguer Blat” que dio continuidad al negocio.

Publicidad de jabón Las Torres

La industria jabonera “Joaquín Viguer” fue puntera en cuanto a tecnología se refiere. Contó con código de telégrafo asignado al almacén del camino de Burjasot y en una fecha tan temprana como 1903 disfrutaba de línea telefónica en el despacho de la calle Blanquerías, con número 247. En 1908 daba empleo a 28 operarios, que mediante el empleo de calderas de vapor alimentadas mediante bombas de último modelo y modernos sistemas para el tratamiento de la sosa cáustica, producían casi un millón y medio de kilogramos de jabón anuales con destino a Valencia, Aragón y Castilla principalmente. La empresa aprovechó las exposiciones regionales en boga para ganar prestigio y compareció a la Exposición Regional de 1881 y a la de 1909.

Envoltorio de una pastilla de jabón "El Pez". Año 1920.

Aunque producía jabón blando, sus principales productos fueron los jabones duros, que hoy conocemos como “de pastilla”. No se trataba por lo general de jabones finos de tocador, sino de jabones para uso doméstico y lavado de prendas de ropa. Su catálogo incluía una gran variedad de marcas: “El Cisne”, “Los Gallos”, “La Casa”, sin descuidar otras marcas orientadas a la exportación tales como “Castile Soap” o “Pure Olive Oil”, en estas últimas se advierte la mano de Viguer Blat y de su experiencia en Inglaterra; aunque tal vez las marcas más conocidas sean las tres más antiguas, creadas por el fundador: “El Pez”, “Las Torres”, un homenaje a las de Serranos y “La Paloma”, marca por la que Viguer sostuvo un contencioso contra la industria de perfumes sevillana “Hijos de Luca de Tena” a la que acusaba de plagiar la marca. La industria sevillana optó entonces por cambiar la suya por “la Gaviota” solución que no satisfizo a Viguer, que siguió pleiteando, si bien su insistencia no tuvo fruto al entender la administración que entre “La Paloma” y “La Gaviota” existía ya una diferencia evidente.






Autores: Enrique Ibáñez y Gumer Fernández

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Perfumería selecta de Heliodoro Lillo

Droguería Cordellats

De los textos: